Pensando en voz alta. El silencio de Dios

Uno de los argumentos que más utilizan los ateos para justificar su no creencia en Dios es el ya clásico por qué permite Dios por qué calla Dios. Los creyentes respondemos que Dios no es el culpable de nuestras desgracias, sino es el mismo hombre quien escoge libremente apartarse de Dios, cosechando las consecuencias.

Sin embargo, he observado que aun en los creyentes existe a veces una especie de espina clavada en el corazón. No que queramos llamar a Dios a juicio ni pedirle explicaciones pero, de alguna manera, desearíamos ver mas de lo que vemos. Quisiéramos oír a Dios de una forma más clara, entender todo lo que no entendemos y explicar lo que no sabemos. Claro que aceptamos con reverencia, y a veces con resignación, lo que el Señor dispone para nosotros y entendemos que sabe mejor lo que nos conviene, pero oramos con todo nuestro corazón y nos gustaría alcanzar mas de lo que solemos conseguir. ¿Qué creyente no desearía mas respuestas a sus oraciones? Eso es bueno y legitimo.

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El tiempo libre

Eclesiastés 3: 1-8

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz"

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Felices las familias...

Felices las familias que se aman con palabras y con hechos, que confían los unos en los otros, que se respetan en las diferencias, que contribuyen a la autoestima del otro, que dialogan... aunque sea difícil, que tratan de vivir en armonía, que ayudan al crecimiento de cada uno, que comparten lágrimas y sonrisas, que desempeñan roles claros y flexibles, que disfrutan de libertad para expresarse, que evitan cualquier forma de maltrato, que protegen a los más vulnerables, que reconocen errores y aprenden de ellos, que ejercitan el perdón y la restauración, que piden ayuda y ayudan a otros, que adquieren recursos en las crisis, que comparten tiempos de diversión, que celebran sus tradiciones y costumbres, que renuevan la esperanza cada día.

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El valor del ejemplo

Señor Dios, eres mi esperanza, seguridad desde mi juventud.
Salmo 71:5.

Una señora alemana cuenta algo de su vida: "Para mí lo decisivo fue haber sido criada por padres que tenían una firme fe en Jesucristo. Esto me resultó evidente cuando a los nueve años de edad una muy dolorosa enfermedad de la vista amenazó con dejarme ciega. En esa época me percaté de las oraciones de mis padres en mi favor. Desde que me fue devuelta la vista por completo, -contrariamente al pronóstico de los médicos- esa experiencia queda grabada en mi memoria.

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¿Qué es el compromiso?

"Así que las Iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día". Hechos 16:5

¿Qué es compromiso? Para cada persona significa algo diferente:
Para un boxeador, es levantarse de la lona una vez más de las que ha sido tumbado.
Para un maratonista, es correr otras diez mil millas, cuando ya no le quedan fuerzas.
Para el soldad, es subir la colina, sin saber lo que le espera del otro lado.
Para el misionero, es decir adiós a su propia comodidad, para obedecer el mandato de Jesús.
Si quieres ser un cristiano efectivo, tienes que comprometerte.

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