El que no ama, no conoce a Dios

Ya conocemos por la elocuente descripción de San Pablo, en 1Cor. 13, acerca del amor, que podemos ser capaces de realizar grandes cosas sin amor, pero que de nada nos sirve, y eso es algo que debe llevarnos a analizar nuestras vidas con detenimiento. Cuando leemos la parábola del hijo pródigo, nos parece que el hijo que permaneció al lado de su padre, era el hijo perfecto -moral, trabajador, cumplidor y respetuoso- sin embargo, cuando regresó el hermano que estaba perdido, mientras el padre y los siervos de la casa se regocijaban porque el que estaba perdido había sido hallado, "el hijo perfecto" se llenó de ira, de envidia y orgullo, éstos parecen frutos de un alma vacía de amor.

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Buscando lo de arriba

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Colosenses 3:1-3

¿Sentiste alguna vez como que eras el único cristiano en todo el planeta que tenía luchas? ¿Y que todos los demás parecían tener su vida espiritual en orden? Bueno, a Satanás le gusta que pensemos así porque eso nos aísla y nos hace temerosos para pedir ayuda.

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Hora del yunque

En el yunque de Dios. Tal vez, usted haya estado allí, derretido, sin forma, sin hacer, puesto en el yunque para ¿ser rehecho? (Hay que quitarle algunas puntas ásperas) ¿Disciplinado? (Un buen padre disciplina) ¿Probado? (Pero ¿para qué tan duro?)

Lo sé, yo estuve allí, es durísimo. Es una caída espiritual, es hambruna. El fuego se va, aunque el fuego arda un tiempo, pronto desaparece. Somos arrastrados para abajo, descendemos al nebuloso valle de las preguntas, andamos en medio de la neblina por la tierra del desaliento. La motivación disminuye, el deseo está distante. Las responsabilidades nos abruman.

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La fe sin obras está muerta

Un hombre regresó a su casa y encontró a su madre conversando con un vagabundo en la cocina mientras éste comía unos bocadillos que la señora le había preparado. En su camino al mercado, ella se lo había encontrado y le había hallado no sólo en gran necesidad de ayuda física sino también espiritual. El hombre llegó a escuchar algo de la conversación de su madre con el vagabundo. "...Desearía encontrar a mucha gente como usted en el mundo..." decía el vagabundo. "...Los hay. Sólo tiene que buscarlos..." contestó la señora.

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Cuéntale esto a todo el mundo

Hace unos catorce años me encontraba junto a la puerta del salón de conferencias observando la llegada de los alumnos, para dar comienzo a la primera sesión sobre el tema de la teología de la fe. Ese día vi a Tomás por primera vez. Se estaba peinando el cabello, que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Un primer juicio somero hizo calificarlo como excéntrico, muy excéntrico.
Tomás resultó ser mi gran reto. Siempre objetaba o rechazaba con sorna la posibilidad de la existencia de un Dios incondicionalmente amoroso. Cuando entregó su examen final que marcaba la terminación del curso, me preguntó con un tono de voz bastante cínico: " ¿Usted cree que yo encontraré a Dios algún día?".

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