El violinista

Hubo una vez un hombre muy pobre, quien no tenía ya forma de ganarse la vida, y vivía en la calle comiendo lo que encontrara. Un día vio como una caja caía de un coche tirado por caballos, se apresuró a devolverlo pero el coche se había alejado. Al abrir la caja vio un violín dentro, decidió entonces ganarse la vida con aquel nuevo instrumento musical. Se plantó en la calle y entonces comenzó "a tocar", sacando los más horribles chillidos a aquel pobre instrumento. La gente al escucharlo le gritaba e insultaba hasta el punto de hacerlo sentirse tan mal que se fue a otro lugar.

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Pobreza y riqueza

En otra oportunidad hablaba el conde Lucanor con Patronio de este modo:

- Bien sé, Patronio, que Dios me ha hecho muchas más mercedes que las que yo merezco y podría retribuirle; en lo demás entiendo que mi hacienda marcha muy bien. Pero algunas veces me sucede que me encuentro en tanta pobreza que me da tanto la vida como la muerte. Os ruego que me déis algún consuelo para esto.

- Señor conde Lucanor - Dijo Patronio - para que os consoléis cuando os acontezca tal cosa, sería bueno que supieses lo que les sucedió a dos hombres que habían sido ricos.

 El conde le rogó que le contase aquello.

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Hijos para siempre

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13

Tú eres un hijo de Dios; este es un derecho otorgado por Dios. Cuando vi (Dave) a mi primer hijo venir al mundo, decidí ponerle mi nombre, primero y último. No solamente que el pequeño Dave lleva mi nombre sino que mi sangre corre por sus venas. ¿Hay algo que el pequeño Dave pueda hacer para cambiar esa relación de sangre conmigo, su padre? ¿Y si se escapa de casa y se cambia el nombre? ¿Y si me repudia? ¿Seguiría siendo mi hijo? ¡Por supuesto!

Estamos emparentados por sangre y no hay nada que pueda cambiar ese hecho.

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El alpinista

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inicio su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparo para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima. Pronto obscureció...

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¿Dónde estoy?

Señor, ¿dónde me encuentro? Miro a mí alrededor y descubro que lo que me rodea es falso, las personas se ven muertas en vida, el odio y el rencor se les ve en sus rostros. Están muriendo, sin remedio; la sangre corre por las calles, se arrastran como perros sin dueño, no hay quien los salve, y sigue, y sigue continuamente. Maldicen, blasfeman, los hijos golpean a sus padres, las madres odian a sus hijos, no hay respeto por nada ni por nadie. Las tiendas son saqueadas y la gente huye, corren no hay escapatoria. Hay llanto, dolor, no ríen, solo lamento.

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