Hagamos Un Con-Trato Amable Con Nuestros Ancianos Y Ancianas

Cuando pensamos en la vida, podemos pensarla como un camino por andar, y reflexionar en sus dos polos significativos: la niñez y la vejez. En nuestros tiempos vemos que, precisamente son nuestros niños/as y ancianos/as los que desde su fragilidad están más expuestos física, emocional, económica, cultural y socialmente. Debemos hacer un Con-trato amable con ellos.

Vamos a pensar en esta oportunidad en nuestros ancianos y ancianas. Nuestros queridos viejos son olvidados, maltratados, relegados, descartados. Desde esta sociedad materialista del dios consumo y producción, ya no sirven, ya no producen, son un gasto; les hacemos creer y nos creemos esta mentira cruel. Son nuestro pasado cercano y valioso, pero no los tenemos en cuenta. Es así donde conceptos de alegría y júbilo como deberían ser el retiro o la jubilación, pasan a ser condena de final triste.

Como adultos no somos concientes de nuestra propia finitud, de nuestro propio tiempo cronológico: fuimos niños y seremos ancianos. Parados desde esa posición centrada, maltratamos de diversas maneras a nuestros niños y a nuestros ancianos. Vos leés y sabés a qué nos referimos: el desamor, la subestimación, el desvalor, el olvido, la indiferencia, la ausencia en una mesa familiar, la soledad… también son formas de maltrato, además de las que socialmente son frecuentes como el maltrato físico y económico… porque no llegar a fin de mes, la falta de medicinas o alimentos básicos, también es maltrato. Se lo puede definir como «un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza». Puede adoptar diversas formas, como el maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, y el abuso de confianza en cuestiones económicas (OMS).

En muchas partes del mundo el maltrato hacia los ancianos pasa casi inadvertido. Incluso hoy en día, el maltrato a los ancianos sigue siendo un tema tabú; de eso no se habla, por lo común subestimado y desatendido por sociedades de todo el mundo. Sin embargo, cada día hay más indicios de que el maltrato de toda índole y hacia los diferentes sectores del colectivo social es un importante problema de salud pública y de la sociedad y como iglesia no debemos cerrar los ojos, porque es un problema de ética en Cristo Jesús.

Miles de años desde el Antiguo Testamento y la sabiduría de Dios nos ubica en qué posición pararnos hacia los más vulnerables, viudas, huérfanos, ancianos, extranjeros… ¿cómo puede ser que sigamos desatendiendo un mandato de oro como este? Dios es claro, puntual, preciso. Él sabe y nos lo dice en el libro de Job 12:12, “En los ancianos está la sabiduría, y largura de días el entendimiento”. También en el libro de Levítico 19:32, "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor". Nuestros ancianos y ancianas, son dignos de respeto y de cuidado, son referentes sociales y culturales de nuestra historia, son personas a las que debemos reconocerles autoridad, responderles con cariño… esto lo dice Dios.

Según la OMS, hay poca información sobre el alcance del maltrato en la población de edad avanzada, sólo en los países en desarrollo, se calcula que 1 de cada 10 personas mayores ha sufrido malos tratos en el último mes, pero esto teniendo en cuenta que se notifica 1 de cada 24 casos de maltrato a personas mayores, porque los afectados suelen tener miedo o vergüenza de informar a sus familiares y amigos o a las autoridades. En consecuencia, es probable que todas las tasas de prevalencia estén por debajo del número real. Un estudio ha aportado estimaciones de los tipos más frecuentes de maltrato en países de ingresos elevados o medios: maltrato físico: 0,2-4,9%; abuso sexual: 0,04-0,82%; maltrato psicológico: 0,7-6,3% (basado en criterios liminares sustantivos); abuso económico: 1,0-9,2%; desatención: 0,2-5,5%.

Los datos sobre el alcance del problema en establecimientos institucionales como hospitales, hogares de ancianos y otros centros asistenciales de largo plazo son escasos. Pero se estima también por encuestas y estudios, que un 36% había presenciado al menos un incidente de maltrato físico contra un paciente de edad avanzada en el año precedente; un 10% había cometido al menos un acto de maltrato físico contra un paciente de edad avanzada; un 40% admitió haber maltratado psicológicamente a pacientes.

Más escasos todavía son los datos sobre el maltrato de las personas mayores en establecimientos institucionales de los países en desarrollo, sabiendo por datos informales, que hay un alto índice de decesos en los primeros meses de internación en “casas de mayores”…como dijo una vecina: “ murió de pena… no lo visitaban, se olvidaron de él después de dejarlo ahí…”

Sabemos que no se puede cambiar de un día para otro, sabemos que tal vez sea imposible…pero en lo cotidiano, lo cercano, lo que nos toca poder hacer la diferencia, podemos ser luz para nuestros viejos: cuidarlos, abrazarlos, visitarlos, escucharlos, estar para ellos y con ellos…que no se nos mueran de tristeza, que siempre tengan un plato de comida en una mesa compartida…que puedan disfrutar de los nietos propios y ajenos…somos familia de sangre ¿o no? Familia de sangre, la de Cristo.

Podemos hacer la diferencia en uno, dos…y más solo con la decisión de tener un Con-trato amable con ellos.

JACQUELINA CARUBIN

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