Hora del yunque

En el yunque de Dios. Tal vez, usted haya estado allí, derretido, sin forma, sin hacer, puesto en el yunque para… ¿ser rehecho? (Hay que quitarle algunas puntas ásperas) ¿Disciplinado? (Un buen padre disciplina) ¿Probado? (Pero ¿para qué tan duro?)

Lo sé, yo estuve allí, es durísimo. Es una caída espiritual, es hambruna. El fuego se va, aunque el fuego arda un tiempo, pronto desaparece. Somos arrastrados para abajo, descendemos al nebuloso valle de las preguntas, andamos en medio de la neblina por la tierra del desaliento. La motivación disminuye, el deseo está distante. Las responsabilidades nos abruman.

 

¿Pasión? Se escabulló por la puerta.

¿Entusiasmo? ¿Estás bromeando?

Es hora del yunque.

Puede producirse debido a una muerte, una separación, bancarrota, falta de oración, Se baja la llave de la luz y el cuarto queda a oscuras. “Las muy bien pensadas palabras de ayuda y esperanza ya han sido dichas. Pero yo sigo herido, preguntándome…”

En el yunque.

Cara a cara con Dios, quebrados, nos damos cuenta que no tenemos otro lugar a donde ir. Jesús en el jardín, Pedro con el rostro bañado en lágrimas, David después de Betsabé, Elías y el “silbo apacible”, Pablo ciego en Damasco.

Golpe, golpe, golpe.

Espero que usted no se halle en el yunque, (A no ser que lo necesite. De ser así, espero que lo esté). La hora del yunque no hay que esquivarla; hay que vivirla. Aunque el túnel es negro, conduce a la montaña. El yunque nos recuerda quieres somos y quien es Dios. No debemos tratar de escapar. Escapar del yunque puede ser escapar de Dios.

Dios ve nuestras vidas desde el principio hasta el fin. él puede llevarnos a través de la tormenta a los treinta años para que podamos soportar un huracán a los sesenta.

Una herramienta es útil solamente si está en buenas condiciones. Un hacha sin filo o un destornillador doblado necesitan atención; lo mismo sucede con nosotros. Un buen herrero mantiene sus herramientas en buen estado. Lo mismo hace Dios. Si Dios lo pone en el yunque, agradézcale. Eso quiere decir que él cree que todavía vale la pena que usted sea moldeado.

“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.” Marcos 1:41

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