Háganlo ya!

Si descubriésemos que nos quedan sólo cinco minutos para decir todo lo que queremos decir, todas las cabinas de teléfono estarían ocupadas por personas diciéndoles a otras que las aman.

Christopher Morley

En un curso para adultos, recientemente hice lo "imperdonable". ¡Di deberes para hacer en casa! La tarea era: "Ir a lo de una persona en la próxima semana y decirle que la quieres mucho. Tiene que ser alguien a quien nunca le hayas dicho esas palabras o por lo menos no durante mucho tiempo".

No parece una tarea muy difícil, hasta que uno se pone a pensar que la mayoría de los hombres del grupo tienen más de treinta y cinco fueron criados en una generación que aprendió que expresar emociones no es de "machos". Mostrar sentimientos o llorar (¡Dios no lo permita!) no se hacía. De modo que para algunos constituía una tarea muy amenazadora.

Al comienzo de la clase siguiente, pregunté si alguno quería contar que había pasado al decirle a alguien que lo/la quería. Estaba convencido que se ofrecería como voluntaria una mujer, como ocurre casi siempre, pero esa noche levantó la mano uno de los hombres. Parecía muy conmovido y un poco perturbado.

Se puso de pie (con todo su metro y ochenta y seis centímetros), y empezó por decir: - Dennis, la semana pasada me enojé mucho contigo cuando nos diste esta tarea. Me parecía que no tenía nadie a quien decirle esas palabras y, además, ¿quién eres tu para decirme que haga algo tan personal? Pero cuando iba en el auto camino a casa mi conciencia empezó a hablarme. Me dijo que yo sabía exactamente a quién necesitaba decirle "te quiero mucho". Sabes, hace cinco años, mi padre y yo tuvimos una discusión horrible y en realidad nunca se aclaró.

Evitábamos vernos a menos que fuera indispensable en Navidad u otras reuniones familiares. Pero aun entonces, apenas nos hablábamos. De modo que el martes pasado, al llegar a casa, estaba convencido de que le diría a mi padre que lo quería mucho.

Es curioso, pero el solo hecho de tomar la decisión fue como quitarme un peso del pecho.
Cuando llegué a casa, corrí a contarle a mi mujer lo que iba a hacer. Ya se había acostado, pero igual la desperté. Cuando se lo dije, no sólo salió de la cama, se levantó como un resorte y me abrazó y, por primera vez desde que nos casamos, me vio llorar. ¡Fue fantástico!

A la mañana siguiente madrugué y me sentía muy bien. Estaba tan excitado que apenas si había podido dormir. Llegué a la oficina temprano y en dos horas hice más de lo que había hecho todo el día anterior.

A las nueve de la mañana llamé a papá para preguntarle si podía ir a verlo después del trabajo.

Cuando contestó el teléfono, le dije simplemente: "¿Papá, ¿puedo ir a verte esta noche después del trabajo? Tengo algo que decirte". Papá respondió con un sobresaltado: "¿Qué pasa?" Le aseguré que no le quitaría mucho tiempo y finalmente aceptó.

A las cinco y media de la tarde estaba en la casa de mis padres tocando el timbre y rogando que abriera la puerta papá. Temía que, si respondía mamá, me acobardaría y se lo diría a ella. Pero, por suerte, el que abrió fue papá.

No perdí mucho tiempo. Di un paso adelante y dije: "Papá solo vine a decirte que te quiero mucho".
Fue como si mi padre se transformara. Vi como su cara se suavizaba y le desaparecían las arrugas. Se echó a llorar, alargó los brazos y me abrazó diciendo: "Yo también te quiero, hijo, pero nunca pude decírtelo".

El momento era tan pleno que no quería moverme. Mamá se acercó con lágrimas en los ojos. Simplemente le hice una seña y le arrojé un beso. Papá y yo nos abrazamos durante un rato y después yo me fui. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien.

Pero no es esa la cuestión. A los dos días de esa visita, papá, que tenía problemas cardíacos pero no me había dicho nada, tuvo un ataque y terminó en el hospital, inconsciente. No sé si podrá salir del trance.

Por eso, mi mensaje para todos los que están en esta clase es: no posterguen las cosas que ustedes saben que deben hacer. ¿Y si yo hubiera esperado para decirle eso a mi padre? Tal vez nunca vuelva a tener la posibilidad de hacerlo. ¡Tómense tiempo para hacer lo que necesitan hacer y háganlo ya!

Dennis E. Mannering

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