Violencia de Género

Violencia de género es toda clase de abuso, acoso, hostigamiento, castigo tanto en el plano físico, como emocional, sexual, patrimonial, laboral, que una persona puede sufrir en virtud de su condición de género. Cualquier persona en desventaja -sea varón o mujer, adulto, adolescente o niño- puede ser maltratada, por efecto del abuso de poder de otros.

Sin embargo, las mujeres son una población especialmente vulnerable. La situación que padecen en algunos países del mundo debe ser considerada como una gravísima violación a los derechos humanos. Más allá de ser enmascarada por “cuestiones culturales y de idiosincrasia”, algunas prácticas y trato hacia las mujeres y niñas debiera resultar por consenso francamente inaceptable: mutilación genital, obligación a contraer matrimonio siendo niñas, sometimiento y explotación sexual, imposibilidad de acceder a la educación, entre otros vejámenes.

Cabe resaltar que nuestro país no está exento del maltrato. En los últimos tiempos, la violencia (física /sexual) contra las mujeres ha aumentado considerablemente. Si bien existe la Ley de Protección integral a las mujeres sancionada en 2009, aún no se cuenta con datos oficiales precisos. Sin embargo, existen numerosas instituciones que llevan algún registro de casos y ciertamente es alarmante.

Algunos datos en Argentina:

§ La cantidad de femicidios en 2014, fue de 277 casos, además de 29 femicidios vinculados; de hombres o niños relacionados (“Informe de femicidios en Argentina de 2014” elaborado por la asociación civil La Casa del Encuentro)

§ En 2010 se atendieron 7.437 casos de violencia, cifra que en 2014 se elevó a 10.573, datos que sólo corresponden a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-(Estadísticas de la Oficina de Violencia Doméstica, dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación)

§ En los últimos 7 años se estima que las mujeres asesinadas por cuestiones de género suman 1.800 (ONG La casa del Encuentro, en base a los casos publicados en medios de comunicación)

¿Qué podemos y debemos hacer los cristianos frente a esta realidad?

§ PREVENIR: Ser ejemplo primeramente en nuestros hogares, luego en nuestras comunidades de fe para que las nuevas generaciones de niñas, niños y adolescentes aprendan una manera nueva de vincularse, de tratar a las mujeres en el caso de los varones, y de ser tratadas en el caso de las mujeres.

§ EDUCAR en valores de equidad: hombres y mujeres con nuestras diferencias somos iguales ante los ojos de Dios, valemos la misma sangre del Señor. Construir familias donde los hijos vean el trato entre padres de una manera amable, respetuosa, donde haya valoración mutua sin ningún tipo de desprecio por los roles adoptados por cada uno es el primer lugar de aprendizaje social que luego replicarán los niños en la escuela, el club, la iglesia y la sociedad en general.

§ ACTUAR como agentes de sanidad y socorro en aquellas situaciones en las que podamos intervenir. Ser la voz de aquellas que no tienen voz porque la tienen apagada por el temor, la falta de conciencia, la sumisión a contextos familiares o culturales que menoscaban los derechos de las personas, volviéndolas indignas, no tratándolas como sujetos de derecho sino como “cosas”.

§ VISIBILIZAR: Poner la luz en alto, de nada sirve una luz debajo de la cama. Como hijos e hijas de Dios debemos manifestar la visión de Dios sobre estas injusticias, proclamarnos en defensa de las mujeres que sufren violencia, declararnos en contra de cualquier clase de discriminación contra las mujeres de manera clara y pública en lo personal y como colectivo.

§ DENUNCIAR: Indignarnos, movilizarnos, no quedarnos cómodos en nuestro lugar de confort. Si los hijos de Dios nos callamos, las piedras hablarán.

§ PARTICIPAR: Frente a iniciativas de ONGs y agrupaciones civiles que se levantan para manifestarse en contra de este tipo de violencia, los cristianos deberíamos ser protagonistas, dar un paso adelante, ser proactivos y anticiparnos. Saber hacer el bien y no hacerlo, es pecado.

La mirada y el ejemplo de Jesús: El Señor dignificó a las mujeres. A María Magdalena la libró de sufrir violencia física impartida por parte de una sociedad machista y patriarcal que deseaba apedrearla; a Marta y María las valoró en sus tareas, y en sus diferencias de personalidad y las consideró amigas; a las mujeres del camino de Emaús las eligió para ocupar un lugar importante en la historia y les dio el honor de contar haber visto al Señor resucitado.

El Nuevo Testamento nos revela que Dios no hace acepción de personas: “Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo” (Gálatas 3:28 NTV) ,en tanto cualquier discriminación está fuera del corazón de Dios.

Este día es una ocasión para reflexionar: Todos somos responsables de prevenir y poner fin a la violencia en general, y contra las mujeres y las niñas en particular.

Dios nos de gracia y valor, no sólo para pronunciarnos en contra de la violencia, sino aún más difícil, para llevar a cabo una contracultura cristiana basada en la paz y en el verdadero amor, valoración y respeto por el prójimo eliminando la cultura del maltrato en cualquiera de sus formas.

Lic. Paola V. Anzovino – Psicóloga – Programa Con- trato amable

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